Tengo la sensación de que hay algo que me presiona, que por más que respire algo me aprieta, que por más que lo piense no cesa de oprimir. Aun así, me basta con un golpe de batuta para aliviar durante unos segundos el dolor. Menudo cobarde, no me atrevo a tomar la decisión, pues de ella dependen muchas personas que me rodean. Pero debo hacerlo, aunque ello me suponga no devolverles la mirada jamás.
No sé cómo se lo tomarán aquellos cuya confianza conmigo me es indiferente, desde luego, y con razón de sobra, los más allegados no me lo perdonarán: me gritarán y se alejarán de mi lado porque yo tendré la culpa de su sufrimiento.
Por mucho sometimiento que pueda padecer de mis amigos, si aún me permiten llamarles así, lo voy a hacer, sacaré de mí ese minúsculo volumen de gas cuyo olor se difiere dependiendo de la persona: Aire, pedo.