sábado, 8 de diciembre de 2012

Musicalité

Cierro los ojos al verte pasar y siento cómo un liquido recorre mi cuerpo. Me inspiras a pensar en mi propio paraíso, en un mundo que espero llegue pronto, aunque se mantenga, de un tiempo a esta parte, escondido en un lugar de mi mente, y parezca que esté cómodo ahí asentado.

Lo mejor es que cuando te escucho, me siento con mi mundo al lado, destripando imágenes nuevas, lugares insospechados, paisajes anaranjados, con toques de pastel. Como y muerdo tu naturaleza, y remuevo el ambiente creado por cada una de tus notas, y todo sin un plantel.

Porque no hay mapa que descifre mi paraje, ni lápiz que logre ponerle peras al olmo. Solo existen tus notas y melodías que entran a cada cual por donde les sale, y que introducen a cada uno en su mundo, su país, su región, su rincón secreto. Y no le cuentes a nadie como es mi zona, por respeto.

Creo en ti ciegamente, como siempre lo he hecho, por que tu me das la paz, en momentos alterados por la realidad, porque siempre estás ahí para compartir mi felicidad y alegría, porque también me ayudas en tiempos de melancolía.

Hago por que siempre aparezcas y me recubras de tu energía, alejándome de mi presente, y del resto de la gente. Doy al "pause" de mi aparato porque contigo no he acabado aún, que lo sepas. Ya lo verás, todavía tengo mucho que doble vivir al son de tu compás.


Hasta pronto.


martes, 4 de septiembre de 2012

La cigüeña del pico gigante

De nuevo el cantar de un pájaro me recordó que aquello no había sido del todo real. Y es que, dormirse a la sombra de un olmo, después de haberse tomado un bocadillo de tortilla de mi querida madre, qué queréis que os diga, se trata de otro tipo de sueño.

Incorporé mis piernas y por inercia, mi cuerpo respondió. De un salto, y como un dibujo animado, me levanté estirando los brazos a la vez. El bostezo fue de mentira, pero alcé la voz para creérmelo un poco más. Debía continuar, ya que el sol iba a ponerse pronto, y aún me quedaba un buen camino de vuelta a casa.

El descenso por el sendero pedregoso se me hizo demasiado largo. Comencé por intentar acordarme del sueño del que acaba de ser protagonista, pero mis lagunas eran evidentes: "salté por el acantilado y...una bicicleta me recogió al vuelo...yo no daba pedales...y una canción sonaba de fondo...y...y...¿y eso es todo?" Decidí inventar la segunda parte del sueño mientras andaba, pero por más que le daba vueltas al tema, era incapaz de seguir mi historia del "biciclista en caída libre". Un corzo, que se cruzó de pronto en mi camino, hizo que me distrajese aún más, y que me pusiese a pensar en lo triste que fue en su día la muerte de la madre de Bambi a manos de un cruel furtivo.

Le deseé lo peor al insaciable cazador, aquel que rompió más de un corazón infantil y alguno que otro maternal. A posteriori, volví mi cabeza hacia un claro en el que se encontraba un rebaño de vacas, muy bien alimentadas por cierto, y divisé una roca perfecta para sentarme durante mi primer descanso. El sol aún estaba de mi lado, dándome tregua para inventar algo jugoso, ¡Seguro!

Recomencé la historia poniéndole globos de helio atados a la bici, aquello ya parecía algo plausible. ¿Pero, de dónde venía aquella bici? Sabía que meter a Papa Noël entretanto iba a resultar demasiado evidente. Surgió entonces la idea de la cigüeña del pico gigante, que había dejado sus dotes maternales para dar paso a su utilidad más clara: el de transportar cosas, vaya.

De nuevo hice el gesto que significaba volver a caminar, esta vez puse el culo en pompa al levantarme, para darle más inverosimilitud al gesto, y ya de paso, reírme solo. Aligeré bastante el paso pues sabía que la luz no iba a darme muchas más oportunidades de volver en el mismo día. Tuve tiempo hasta de inventar la precuela de mi salto al vacío, y caí en que, finalmente, no era ningún animal el que me perseguía hasta aquel precipicio, sino más bien un espantapájaros el cuál estaba realmente disgustado después de haberle robado su sombrero.

Súbitamente, al pasar cerca de un refugio, no pude apartar la mirada de la puerta del mismo...aquel trozo de papel se parecía mucho a un billete. Mi subconsciente no me engañó esta vez, y efectivamente, lo que había en el rellano eran veinte euros de una sola pieza. En cuestión de un minuto pensé en lo que podía realizar con ese dinero en mi bolsillo...Pero pronto, el ángel que todos llevamos dentro (aquel que va vestido ridículamente de blanco y con alas, pero al que se le quita todo su aquel, cuando ves que tiene tu misma cara, con barba y todo),  me cortó y me dijo: "Aún no has acabado de contar tu historia del loco de la bici, y  ya estás pensando en qué gastarte ese dinero...¿No te das cuenta?"

Enseguida lo capté, tenía dos opciones para seguir mi camino: pensar en cosas que tuviesen un buen precio (veinte euros no dan para tanto...) o poder pensar en todo lo inalcanzable continuando mi vuelo en bici con globos. Cogí una piedra con base llana, que curiosamente tenía debajo de mis pies, y a modo de sujetapapeles la posé encima del billete sobre el suelo de la puerta del refugio. Siempre había querido gritar en mi interior: "Soñar es gratis" y así lo hice...

Proseguí mi camino hasta llegar a casa anocheciendo, anduve sonriendo todo el tiempo, dándole vueltas a un maravilloso final de mi capitulo o a una historia de nunca acabar...Lo mejor de todo, es que cualquiera puede imaginar lo suyo, ¡Y siempre gratis!


miércoles, 2 de noviembre de 2011

metAMORfosis

¿Y si encuentro la fórmula para encontrar? Allí donde suenan canciones y el espacio se abre pulsando botones sin apenas hacer fuerza. Respiraría azul, naranja que me comería sin tener por qué tener hambre. Que tu saciarías con tus ojos color cambiante, cambiando a cambio de darte pase, o de darte un paseo por mi mente radiante, por el momento convertida así. Olvidando el tiempo no perdido y así hallarse más perdido, sin razones suficientes para esperar volcar el reloj y que te dé segundas partes, sonreírle al instante luz. Iluminarnos. Previamente presentarnos, como al tirarnos a un abismo de palabras encajadas quizá insondable, "peut-être" familiar, que encandile al que no entienda o al incomprendido que lo domine. Hacer competencia sin miel a la cosa más dulce, azucarar ese algodón de piel y que al tocarlo sintamos la esencia de su fruto. Acariciar el segundo pasar, ponerme, pensar, ponerme a pensar y al fin comprender que, finalmente si, lo he podido converger.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Aire

Tengo la sensación de que hay algo que me presiona, que por más que respire algo me aprieta, que por más que lo piense no cesa de oprimir. Aun así, me basta con un golpe de batuta para aliviar durante unos segundos el dolor. Menudo cobarde, no me atrevo a tomar la decisión, pues de ella dependen muchas personas que me rodean. Pero debo hacerlo, aunque ello me suponga no devolverles la mirada jamás.

No sé cómo se lo tomarán aquellos cuya confianza conmigo me es indiferente, desde luego, y con razón de sobra, los más allegados no me lo perdonarán: me gritarán y se alejarán de mi lado porque yo tendré la culpa de su sufrimiento.

Por mucho sometimiento que pueda padecer de mis amigos, si aún me permiten llamarles así, lo voy a hacer, sacaré de mí ese minúsculo volumen de gas cuyo olor se difiere dependiendo de la persona: Aire, pedo.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Castigo

En un sinfín de intentos por encontrarme a mí mismo,  me rendí. Descubrí que pensarlo no servía de nada, que vueltas y más vueltas que di en mi cabeza al tratar de reaccionar, no lograron hacer disipar ningún camino. Miedo, habladurías, oportunidades, dinero, al fin aprendí que, problemas, caídas, golpes, heridas, son dados a volverse importantes cuando les otorgas demasiado respeto. Me instruí en nuevas materias como levantarse, curar, olvidar y aprovechar. Y fue un proceso duro: ¡maldito sentimiento de impotencia al saber que no podía tener mis cosas en el momento que quería, que por más intentos de empuje, mi fuerza quedaba en vano! Lo dejé caer, acepté que necesitaba la ayuda de alguien, que yo sólo no podía salir de aquel martirio, que a veces hay que apoyarse. Me senté, esperé a que el muro se rompiera y me dejara reflexionar más allá. Busqué entonces en mi agenda de teléfono a algún ayudante, compañero de suplicios, consejero y conserje de mi vida. 

Probé pensar en otras cosas, y reconocí que no era para tanto haberme dejado las llaves de casa dentro de la misma...